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Una caída mayor a la esperada alarga los tiempos de la recuperación

No fue buena la variación del PBI que informó ayer el Indec. La caída de 5,1% en el nivel de actividad superó las proyecciones de las consultoras privadas, que habían arrimado una baja más cercana a 4%. El dato oficial demuestra, sin lugar a equivocación, que la corrección cambiaria con la que arrancó la gestión de Javier Milei (una devaluación del peso de 54%) fue sin duda un mazazo sobre la economía. ¿Qué se puede esperar hacia adelante? Es posible que la cosecha le permita mantener a flote el promedio del segundo trimestre, y con eso escapar a la calificación formal de una recesión. Lo que sí se empieza a ver con esta foto, es que la recuperación va a ser más lenta de lo que aspira el Gobierno.

La construcción, la industria y los bancos fueron los sectores que tuvieron retrocesos de dos dígitos, de entre 13% y 19%. El comercio se hundió 8,7% en los primeros tres meses del año. El contrapeso, como suele suceder, lo generó la producción primaria: agro, energía, minería y pesca, se incrementaron entre 3% y 10%.

El salto del tipo de cambio buscó corregir precios relativos, pero también aceleró la inflación, una de las causas principales de la contracción económica. Es que la caída del salario real y la falta de impulso fiscal (por la licuación de las prestaciones que paga el Estado y el recorte abrupto de la obra pública) hizo que se desplome la demanda interna.

Las exportaciones crecieron 26% frente al primer trimestre de 2023 y 11% contra el ultimo del año previo. Era el movimiento esperado, dada la depreciación del peso, pero no alcanzó para neutralizar el desplome de la actividad.

¿Podrá compensar el sector externo en el segundo trimestre del año, el freno que todavía subsiste en el mercado interno? Los analistas aseguran que la política de devaluación de 2% mensual que aplicó el equipo económico no ayuda. Las cifras no afirman lo mismo. Lo real es que van seis meses de saldo comercial favorable, y que la energía ha motorizado más ventas al exterior que la soja, afectada por la caída de los precios internacionales.

Con este escenario, no hay una V en el horizonte. Los votos se los lleva la U, y en el mejor de los casos, el rebote suave (más conocida como la pipa de Nike). Si los ingresos dejan de perder contra la inflación en el segundo semestre, lograrán que la caída se detenga. Pero para ver recuperación, el recálculo apunta más a fin de año. La suba del desempleo a 7,7%, que continuará si el Ejecutivo cumple su promesa de profundizar el ajuste, refuerza esta perspectiva. Hay una macro más ordenada, es ineludible. Pero el camino de salida está lejos.

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