Opinión

Arquitectura a dos voces: comunicación con el cliente

El diseño de un proyecto puede parecernos brillante, pero para serlo efectivamente necesita estar en sintonía con las expectativas del cliente.

Charles Eames, reconocido diseñador y arquitecto estadounidense del siglo XX, defendía la importancia de considerar tres perspectivas al crear: la del cliente, la de la sociedad y la propia. Para Eames, estos factores suelen entrar en tensión, y es tarea del diseñador (o arquitecto) encontrar un equilibrio para conseguir obras significativas.

En este sentido, podríamos afirmar que una de las características más importantes que debe poseer un arquitecto es la habilidad de ser un buen comunicador. La comunicación es fundamental en todos los aspectos; ya sea para interpretar las inquietudes, objetivos y expectativas de un cliente para un proyecto, como para transmitirle de manera entendible nuestra solución a ese proyecto.

Una escucha asertiva

No existe un plan perfecto para anticiparnos a todos los obstáculos que nos encontraremos en el camino de un proyecto. Siempre van a ocurrir imprevistos, cambios de última hora y desafíos inesperados.

Ahí es donde cobra protagonismo la comunicación transparente y activa. Mantener un diálogo abierto y constante con el cliente no solo construye una relación sólida, sino que también nos permite adaptarnos a los cambios con mayor facilidad.

Una buena estrategia es armar un cuestionario para el cliente con preguntas concretas y puntuales sobre el proyecto: ¿Qué espera de la obra? ¿Con cuánto presupuesto cuenta? ¿Cuáles son los puntos principales que no deben faltar? ¿Quiénes y cómo usarán los espacios? ¿Cuáles son sus materiales de preferencia?, son algunos ejemplos.

Luego de que lo responda, se puede concretar un encuentro donde se pondrán en práctica las técnicas de escucha activa para poder comprender sus necesidades más allá de las palabras. Algunas de ellas son:

  • Brindar un espacio de comunicación tranquilo
  • Evitar distracciones
  • Dar tiempo al cliente para que elabore sus respuestas sin interrumpirlo
  • Escuchar atentamente
  • Opinar y repreguntar en base a la información obtenida
  • Corroborar que lo que se entendió sea lo mismo que quiere el cliente
  • Interpretar el lenguaje no verbal: velocidad, tono y volumen de voz, expresiones faciales, gestos y emociones
  • No adelantarse en la conversación: Evitar suposiciones o hipótesis sobre lo que dirá la otra persona
  • Garantizar el contacto visual para demostrar interés
  • Entrenar el pensamiento crítico: cuestionar supuestos, evaluar evidencias y buscar conexiones entre la información obtenida.

Es en este rico intercambio de ideas donde realmente se moldea el proyecto. Establecer una relación de respeto mutuo entre el arquitecto y el cliente, donde se puedan discutir libremente los diferentes puntos de vista con argumentos bien fundados y alcanzar acuerdos, es la base para encontrar soluciones brillantes y construir proyectos de calidad.

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